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Archive for 15 abril 2007

La cita

Son las 10 de la noche y Diego aun no me ha llamado, supongo que no tardará en hacerlo, por eso, estuve toda la tarde arreglándome para estar lista y divina cuando me venga a buscar…

– Buenas noches, terrícola!! –

– Alan, ¿qué haces aqui? –

– Estaba aburrido en mi casa, y decidí venir a visitarte… Pero, como sé que vas a salir con tu Diego, invité a unas amigas para hacer una pequeña fiesta en la bañera… –

– ¿En serio? –

– No, pero suena interesante… –

– Bueno, puedes quedarte aqui… Ya Diego debe estar por llegar… –

– ¿A qué hora te dijo que se verían? –

– Pues, aun no me ha llamado, pero probablemente sea en un rato… –

– ¿Qué? ¿El tipo ni siquiera te ha llamado para confirmar? –

– No pongas esa cara, de seguro está ocupado… –

– ¿Ocupado para tomar su teléfono y hablar dos minutos contigo? Por dios! ni que fuera el presidente… –

– Bueno, eso es lo de menos. De seguro lo hará pronto… Mejor dime, ¿como me veo? –

– Bien, se nota que te arreglaste bastante… –

– Claro, esta no es cualquier cita, es una cita con Diego, ¿Escuchaste bien? Con DIEGO!! –

– Ay si, Diego, Diego, Diego!! Hablas de ese hombre como si fuese un príncipe… –

– No es un príncipe, pero está muy cerca… –

– No me digas… De seguro cuando te embarque no dirás que es un príncipe. –

– Eso no va a ocurrir. Diego no va a embarcarme. –

– ¿Y por qué estás tan segura? –

– Porque no puede hacerlo!! A mí ningun hombre me embarca… Yo no soy cualquier cosa. –

– Bien, esperemos que tengas razon con respecto a ese tipo, porque a mi no termina de caerme bien… Pero mejor cambiemos de tema, ¿como van las cosas en tu casa? –

– Como siempre, y ahora mucho peor porque la estupida de Andrea está en la ciudad… –

– ¿Y no has hablado con ella? –

– No, y tampoco tengo ganas… Cada vez que hablo con ella me cae peor… –

– Francamente no entiendo esa guerra entre ustedes… O bueno, esa guerra que tú dices que existe, porque Andrea nunca se ha portado mal contigo… –

– ¿Sabes cual es el problema de Andrea? Es demasiado inferior a mi, es opaca, insignificante… –

– A mi me parece encantadora… Es más, deberías ayudarme con ella… jaja ¿te imaginas? serías mi cuñada… –

– Pues, no es mala idea que mi hermanita consiga un novio… A ver si así comienza a parecerse un poco a mi… –

– Imagínatela, con un tipazo así como yo… –

– ¿Tú? ¿Un tipazo? Pero que buen chiste… –

– No te burles, tonta… Ay si, como no soy tenista y metrosexual, no sirvo… Por dios. –

– Lo que pasa es que tú tienes otro estilo… Tú eres muy ejecutivo… –

– ¿Y qué quieres, que me vista como el vocalista de Miranda? Eso sí sería triste… –

– Bueno, tienes razón… Y se me acaba de ocurrir algo!! Voy a llamar a Andrea para que salgamos los cuatro!! –

– ¿Hoy? ¿Andrea y yo? –

– Claro. ¿No me dijiste que te parecía encantadora?

– Si, me parece muy bonita… ¿Pero hoy? ¿en un rato? –

– ¿Cual es el problema? –

– Que yo no soporto a tu Dieguito… Además, lo de salir con tu hermana lo dije jugando… –

– Está sonando mi teléfono, debe ser Diego… –

“A que no adivinas donde está metido tu amorcito… Está en la disco con unas mujeres, lo acabo de ver y no tiene intenciones de irse…”

– ¿Es un mensaje de Diego? –

– No, es oriana… –

– ¿Y qué dice? –

– Pues, léelo… –

– Caramba, Verónica… Parece que ese tipo no te va a llamar… –

– Maldición! –

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Cuando lo vi…

– Bueno, Alan, la cita es de dos y aqui sobra alguien… –

– Si, ya me voy… Por cierto, ¿sabes qué se me olvidó? –

– ¿Qué cosa? –

– Decirte que, a pesar de lo gorda que te ves, andas muy linda hoy… –

– Ay, que lindo eres!! Gracias… –

– …Es que de alguna manera tenía que quitarte esa cara de asustada que tenías… Pero es mentira, estás horrible… –

– Alan!! Eres un idiota!! –

– Pero sabes que te quiero… –

– Tambien yo… Vete, ahí viene Diego… –

– Seh, suerte. –

Y bien, ya llegó el momento de la verdad… Diego está a sólo algunos pasos de distancia… A sólo algunos pasos de caer en mis  redes… O al menos, eso deseo.

– Hola. –

– Hola, Diego! ¿Cómo estás? –

– Muy bien, ¿y tú? Ehh, disculpa, olvidé tu nombre. –

– Verónica, me llamo Verónica. –

– Ah, cierto… Bueno, Verónica. Me alegra que hayas venido… –

– ¿Si? ¿Te alegra? –

– Con esa falda, a cualquiera le alegraría… Ven, vamos a sentarnos. –

Si, Verónica, Si!! Estás caminando con Diego. Estás caminando con el tipo más apuesto de todo el club… Como siempre, te saliste con la tuya y conseguiste lo que querías! Eres grande, eres la mejor… Sin duda, todas las mujeres deben estar odiándote y muriéndose de envidia en este momento… Pero, ¿qué importa si te odian? Diego está contigo… Si!! Diego está contigo!! …Ja, y pensar que pudiste haberte quedado en la oficina organizándole las facturas a Alan…

– Hey!! ¿estás ahí? –

– Sí, disculpa, pensaba en algo… –

– Bueno, hablemos de ti, Verónica… ¿A qué te dedicas? –

– Por ahora, a nada… Pero planeo comenzar la universidad en poco tiempo… –

– ¿Si? ¿Y qué piensas estudiar? –

– Comunicación social. –

– Esa es una buena carrera… Yo abandoné la universidad hace un año, estudiaba derecho, pero no tenía caso, lo mio es el tenis. Y aqui estoy… –

Caramba! Estudiaba derecho! Bueno, al menos ya tengo algo que restregarle en la cara a Alan cuando asegure que este tipo no sirve para nada… Porque estoy segura de que lo primero que va a hacer es decirme eso y luego…

– Hey!! ¿Qué pasa? ¿Por qué te quedas callada? –

– Lo lamento, pensaba de nuevo… –

– Parece que piensas con frecuencia. Eso me gusta en una mujer… Claro, eso no quiere decir que pienses en algo que tenga sentido, pero al menos puedo asegurar que haces el intento… –

– ¿Debería tomar eso como un cumplido? –

– Pues, supongo que sí… –

Al parecer este señorito no es nada agradable… 

– Dime una cosa… Ehh, ¿Cómo me dijiste que te llamabas? –

– Verónica. Me llamo Verónica. –

– Ah, es verdad, disculpa… Soy pesimo recordando nombres… ¿ves aquel montón de mujeres que están allá? Pues, todas me saludan y me dicen mi nombre, pero me es imposible recordar los de ellas… Son tantas que cualquiera se confundiría… –

– Si, definitivamente son muchas… –

– Bueno, eso no importa, mejor dime qué vas a hacer hoy en la noche… –

Si le digo que “Nada”, creerá que estoy loca por él… Y bueno, estará en lo cierto, pero no puedo ponerle las cosas tan fáciles… ¿Qué se cree si piensa que todo será tan sencillo conmigo? Yo no soy cualquier fan estúpida del montón… Yo soy distinta, soy superior a todas ellas, y él lo sabe, sino, no estaría aqui hablando conmigo… Por ningun motivo puedo demostrarle que me muero por volver a salir con él, es más, estoy segura de que está acostumbrado a que todas las mujeres caigan redonditas a sus pies, pero yo no! Yo no soy así… Yo soy mucho más que todas las mujeres con las que él ha estado en toda su vida, yo soy inalcanzable para cualquier hombre, yo…

– Oye!! Estoy hablando contigo!! ¿Qué harás hoy en la noche? –

– Nada! No haré absolutamente nada! –

Y bien, he aqui la primera excepción… 

– Ah, que bueno, podemos vernos y hacer algo… ¿te gustaría? –

– Sí, me encantaría… –

– Bueno,  entonces llámame y te aviso cualquier cosa… ¿Te parece? –

– ¿Llamarte? ¿Yo? –

– Si, tú… ¿Qué? ¿Acaso soy yo quien debe llamarte? –

– De hecho, si… –

– Pues, entonces yo te llamaré… Si quieres puedes quedarte con el resto de mis fans viéndome jugar. Nos vemos. –

– ¿Y ni siquiera me pedirás mi numero de telé…? –

– Chau!! –

Maldición, ya se fué… Y allí viene Alan de nuevo…

– Vaya! Record de records! Tu cita duró 5 minutos con 43 segundos! Diós mio, eres grande… Te felicíto. –

– Déjate de estupideces y vámonos de aqui. –

– ¿A donde vamos? –

– Pues yo, a mi casa a arreglarme… Voy a salir esta noche. –

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Ya es hora

Acabo de recibir una llamada de Oriana, ya son las dos de la tarde, y obviamente me vine al club. Desde que llegué al apartamento me estuve arreglando para que Diego me viera muy linda hoy, este me pareció el trayecto más largo de toda mi vida, maldije millones de veces a cada semáforo que me hizo detenerme… Me parece increíble, pero me siento como si ésta fuese mi primera cita… No logro ocultar lo nerviosa que estoy.

Me cuesta creer que al fin tengo una cita con Diego, aun trato de convencerme de que es cierto, que estoy aqui, y que en sólo segundos lo volveré a ver…

– ¿No saludas, terrícola? –

– ¿Alan? ¿Qué haces tú aqui? –

– Vine a ver cómo te despido… Y cómo haces el ridículo con el tipo ese. –

– ¿No se supone que deberías estar en la oficina? –

– Debería, pero YA NO TENGO EMPLEADA. –

– No puedo creer que viniste al club sólo para burlarte de mi. ¿Y si yo hubiese ido a la oficina? –

– ¿Jaja eso es un chiste? Por Dios, Verónica!! Ambos sabemos que eso NUNCA iba a ocurrir. –

– De todas maneras, al menos la duda debiste tener… –

– Pues fíjate que no, te conozco muy bien. –

– En ocasiones como ésta, odio eso. –

– Bueno, ya que estamos aqui, entremos… Tu amorcito debe estar esperándote. –

– Un momento!! ¿Como me veo? –

– Ehh, linda falda. –

– Gracias!! –

– Lástima que te veas un poco gorda con ella… Pero bueno, Diego debe quererte como eres, aunque estés pasadita de peso… –

– Alan!! Yo no estoy pasada de peso. Lo dices para mortificarme… –

– ¿Y entonces para qué preguntas? Es muy difícil ser sincero contigo si siempre piensas que te miento cuando te digo que pareces una bombona de gas. –

– Alan!! Déjate de chistes… Si viniste a amargarme la tarde, puedes largarte. Después de todo ya me despediste. –

– No, quiero ver si valió la pena tu renuncia. Lo dudo, pero prefiero quedarme para que te ahorres la historia cuando llegues llorando a mi casa porque el individuo es un idiota. –

– Pues bien, quedate. Veamos si tienes razón. –

– Te veo muy confiada… Demasiado confiada… Tan confiada que, estoy seguro de que sólo disimulas porque estás aterrada. –

– ¿Aterrada yo? Que loco estás. –

– No tienes que fingir delante de mí. No logras engañarme… Pero mejor entremos, estoy ansioso por presenciar el espectáculo. –

– Si, entremos. –

– Por cierto, ¿Compraste pañuelos? Tu sabes, para la lloradera cuando tu cita fracase. –

– No, y dudo mucho que los necesite. Camina. –

¿Pañuelos? Dudo mucho que los necesite, ó al menos, eso espero…

– Mira, Verónica… Allá está Diego… –

– ¿Donde? –

– A tu derecha. Y te está mirando con ganas…-

– Si! Ya lo ví… –

– Y viene hacia acá… –

Bueno, Verónica. Ya es hora… 

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 Gracias por sus visitas y comentarios. Me alegra que después de mi regreso, siga manteniendo algunos lectores… Esperen la continuación de la historia en el próximo post. Un abrazo.

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Voy camino a mi casa… Alan estuvo a punto de sacarme a patadas de la oficina cuando le pedí la tarde libre. Tengo que aprovechar el tiempo para… Un momento! ¿Tengo que aprovechar el tiempo para qué? ¿Qué demonios voy a hacer?

El problema no es nada sencillo, y si me quedo de brazos cruzados no llegaré a ninguna parte. El semáforo está en rojo, me detengo. Miro por la ventanilla estúpidamente, como si así fuese a encontrar la respuesta que busco… Hay un montón de de personas en carros ultimo modelo, hablando por teléfono con celulares de ultima generación. De esos con cámara, video, mp3, bluetooth, infrarrojo, televisión, internet… Lo unico que les falta es poder comunicarse con los marcianos. De seguro a Nokia y a Motorola aun no se les ha ocurrido esa idea…

¿Y qué? ¿Qué importa tener el mejor carro del mundo si no sabes a donde vas? ¿Qué importa que tu celular tenga todos los jugueticos de moda si no hay nadie a quien puedas llamar para pedir un consejo aunque tu directorio esté lleno de “amistades”, ese montón de gente con quien sales a fiestas y haces vida social?

¿Vida social? ¿Y qué demonios gano teniendo vida social si ni siquiera tengo hagallas para enfrentar a la vida real?

¿Y ahora? ¿Tengo que mandar a la mierda mi efímero trabajo para correr detrás de un tenista que sólo se ha detenido a verme porque mis piernas son lindas? ¿Tengo que darle motivos a Alan para que piense y siga convenciéndose de que siempre tiene la razón en todo lo que dice? ¿Tengo que salir con un hombre que lo único que quiere es acostarse conmigo sólo para que mis maravillosas amistades me vean con él y mi ego se engrandezca un poco más?

¿Por qué no puedo darle la espalda a esa invitación a salir y seguir con mi vida como si nada ocurriese?

Es simple, porque me enamoré de él.

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